Reseña Histórica

Monseñor Mauricio Eugenio Magliano

 

 

Personalidad de Mons. Magliano:

Monseñor Mauricio Eugenio Magliano nació en San Isidro (Pcia. de Buenos Aires) el 22 de enero de 1920 en el seno de un cristiano hogar. Su padre Bernardo y su madre Catalina, se esmeraron en darle al pequeño Mauricio una sólida educación cristiana.

En el año 1926 las aulas y los patios del Colegio Santa Isabel (Obra de Don Bosco) vieron ingresar al pequeño Mauricio en calidad de alumno de Primer Grado Inferior. Aún vivía el Padre Castiglia (fundador abnegado de la Obra Salesiana en San Isidro), aureolado por una gloriosa vejez. El niño Mauricio Magliano preparado por la hábil mano del Padre Castiglia se dispuso a recibir su Primera Comunión. Ya en 1930, cuando sólo contaba con diez años de edad, era un activio socio de la Compañía de la Inmaculada y generoso Catequista del Oratorio Festivo que funcionaba en el mismo Colegio. Ya desde entonces demostró tener indicios de vocación al sacerdocio áquel que con el correr de los años debía ser el Primer Obispo de Río Gallegos.

En el año 1932 concluyó Sexto Grado, mereciendo el Tercer Premio de todo el curso. El año 1933 el Colegio Nacional de San Isidro lo contó como alumno de Primer Año. En el año 1934, secundando su irresistible y clara vocación al sacerdocio en las filas de la Congregación Salesiana, ingresó en el Aspirantado de Bernal. En enero de 1937 recibía la sotana iniciando el Noviciado que coronó con la Primera Profesión Religiosa en enero del año siguiente. A partir de ese momento, ya joven salesiano, dedicóse con ardor a los estudios de magisterio y filosofía. En el año 1941 recibió su título de Maestro Normal Nacional y un año después concluyó brillantemente el curso filosófico. El 31 de enero de 1942 era destinado al Colegio Salesiano de Ramos Mejía en calidad de maestro para cumplir una etapa fundamental en el proceso de su formación sacerdotal y salesiana: el trenio práctico que cumplió contando con la admiración de sus Superiores, Compañeros y alumnos que aún lo recuerdan con cariño y simpatía. En febrero de 1945 ingresaba en el Estudiantado Teológico Internacional "José Clemente Villada y Cabrera" (próximo a las serranías cordobesas) donde al contacto con la naturaleza pródiga en bellezas naturales y bajo la sabia dirección de superiores plasmó su alma sacerdotal culminando el 18 de setiembre de 1948, fecha en la cual el Excmo.Mons.Fermín Laffitte, entonces arzobsipo de Córdoba, le confirió la sagrada orden del presbiterado.

Al día siguiente rezaba su primera misa rodeado por sus padres, familiares, amigos y compañeros. Poco tiempo después fue enviado a Europa para perfeccionarse en sus estudios eclesiásticos. En noviembre de ese mismo año se inscribía como alumno regular de la Facultad de Derecho del Pontificio Ateneo Salesiano, en Italia, donde, tres años más tarde, en diciemrbre de 1951 se graduaba como Doctor en Derecho Canónico. De regreso a su patria fue destinbado al Colegio Salesiano de Bernal en calidad de Consejero Escolar de los alumnos elementales hasta el año 1955 en que fue enviado a dirigir el Colegio Salesiano Nuestra Señora de Luján de Río Gallegos. El 6 de diciembre de 1955 se hizo cargo de sus nuevas funciones. Durante los cinco años y medio que rigió los destinos del Colegio Salesiano y de la Parroquia de Río Gallegos y de la Vicaría Foránea de Santa Cruz, demostró relevantes cualidades de Pastor de Almas, de Superior, de Religioso Observante, de Organizador y de Firme Baluarte de los Principios Católicos.

Nada de extrañar, pues, que S. S. Juan XXIII le encomendase el gobierno de la Diócesis de Río Gallegos, creada el 10 de abril de 1961, nombrándole primer obispo. El 10 de setiembre, el Excmo.Cardenal Antonio Caggiano asistido por el Excmo.Monseñor Carlos M. Pérez y por el Excmo. Monseñor Miguel Raspanti, consagró Obispo a Monseñor Magliano. El 17 de setiembre, un día antes de cumplir 13 años de sacerdocio, en la Iglesia San José del Colegio Santa Isabel entonaba su Primer Pontifical asistido por varios sacerdotes ex alumnos del mismo Colegio.

Descripción y Simbolismo del Blasón Episcopal:

Tiene la forma del escudo llamado francés, aguzado en la punta. Dentro de la sencillez clásica de su único metal, el azur, campea la Cruz de plata en jefe y frente, configurando los dos metales, los colores patrios que se prolongan hacia la región austral, haciendo translucir el amor que el Prelado profesa a la Patria por cuya elevación social y moral vela y trabaja.

En el centro del eje brilla la hostia de oro, sobre fondo de plata de la Cruz, recordando la profesía de Malaquías (Porque desde Levante a Poniente... se sacrifica y se ofrece al nombre mío una ofrenda pura...- I, II) y rememorando el Domingo de ramos de 1520 en el cual las playas patagónicas vieron elevarse la primera Hostia en tierras argentinas.

En punta aparece el arco polar que sostiene la Cruz y sobre cuyo fonde de plata se perfilan con su color las características mesetas sureñas, la montaña ideal coronadad de nieves perpetuas, que se yergue cual majestuosa catedral, precedida por los blancos y azulados ventisqueros en noble gradería.

La Santa Cruz que campea en jefe es de plata, metal que significa integridad, firmeza y vigilancia que recomienda San Pablo al Pastor de almas.

El asur del único campo representa la justicia, el cielo y la caridad mancomunados en el enviado de Dios (Ecce Ego mitto vos...) y significa en modo particular la preocupación del Prelado por un orden social nuevo, digno y justo en la vida Temporal, siguiendo las luminosas directivas de S. S. Juan XXIII en la Encíclica "Matter et Magistra".

En el cantón distro del jefe, aparece en todo su fulgor la estrella de oro de cinco puntas; imagen perfecta de la Virgen "Stella Matutina" inspiradora de San Juan Bosco, a quien se le dijo proféticamente: "Yo te daré la maestra...".

El oro de la Hostia y de la Estrella, significa la dignidad, constancia y sabiduría que han de derramarse en abundancia sobre las tierras vírgenes, brotando de estas dos fuentes que señalara San Juan Bosco a sus hijos, al enviarlos a la Patagonia: "Propagad la devoción a la Eucaristía y a María Auxiliadora y sabréis lo que son los milagros".

Más la Redención exige sacrificios: "sine sanguinis effusione non fit remissio". La Cruz domina totalmente el escudo, recordando la vida heróica de los misioneros salesianos, verdaderos pioneros, cuya preciosa herencia recibe el pastor de almas, dispuesto a seguir con su grey a él confiada las huellas luminosas del Redentor. La leyenda del escudo los resume y confirma: "IN CRUCE SALUS", en la Cruz está la salvación de los hombres, a quienes salva de las asechanzas del enemigo de la fe, proyectando su sombra protectora sobre las tierras patagónicas, a fin de fecundarlas espiritualmente y de bendecir sus riquezas, representadas por los símbolos del oro negro, las dilatadas tierras, el lago Argentino, el río Santa Cruz y el amplio océano, tras el cual se adivina, cual magnífica etapa hacia el espacio, la Tierra del Fuego, de los yaganes y alacalufes, cuyas úlimas chispas hogareñas se elevaron al cielo desde las manos blancas de los heraldos de Cristo, los Salesianos y las hijas de María Auxiliadora.